Tiemblan los asientos, el cuerpo responde al movimiento, los ojos fingen que miran a los autos deslizar. Se sacuden las cabezas, que golpetean contra el vidrio. Del otro lado va pasando en simultaneo el decorado de la ciudad.
Van corriendo, paralelo al colectivo, un montón de cables que se cruzan. Va cayendo el sol y la corriente llega a su destino. No existe lo lejos, las luces de la calle distancian aún más el cielo.
Los taxis se cruzan con el viento que danza con la basura, las palomas dan la impresión de que hay musgo gris en las terrazas. Disculpe señor, ¿usted sabe si esta sensación se pierde al llegar a casa?.

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